Puedes llamarlo obsesión, locura, como quieras y estarás en lo cierto. Desde que comencé a interpretar este autorretrato de Velázquez apenas he podido centrar mi atención en otro tema. Lo contemplé del natural no hace mucho y desde ese momento, su mirada melancólica me fascinó.
Esos ojos juiciosos embebidos en una pintura tan pequeña, su melena y el bigote por encima de la seductora golilla almidonada podrían ocultarse tras cualquier máscara y no impedir reconocer a este genio.